Especies invasoras: El peligro que viene de fuera
Varios - 2004-01-09

La globalización no es un fenómeno que afecta sólo al comercio, los sectores primarios, la industria, la economía, la seguridad, la política o los flujos migratorios de los seres humanos. También actúa, y no precisamente de modo positivo, en la naturaleza. Plantas y animales procedentes de otras latitudes del planeta dañan, de modo irreversible en ocasiones, a los seres vivos autóctonos de cada región del globo. Son muchas, y cada vez más, las especies que encuentran fuera de sus áreas naturales un medio apropiado para subsistir. Esta extraordinaria capacidad de adaptación se ha convertido en una amenaza que puede favorecer la extinción de las especies autóctonas con las que entran en competencia por el alimento o por el territorio. La proliferación de especies invasoras, o alóctonas, es, tras la destrucción del hábitat, la principal causa de extinción de plantas y animales, debido a que -según los casos- depredan sobre las autóctonas, compiten por los recursos, se hibridan y transmiten enfermedades. Algunas pueden llegar a cambiar e1 propio funcionamiento del ecosistema. Pero no todas las especies introducidas causan problemas. De hecho, muchas de las que habitualmente se utilizan en agricultura y ganadería son exóticas. Sin embargo, tas especies invasoras se han convertido en parte importante del cambio ambiental global. En España, uno de cada cuatro tipos de peces que pueblan ríos y lagos es foráneo. Muchas plantas y animales han llegado, por causas accidentales o comerciales, a zonas muy alejadas de su hábitat natural. La introducción del conejo en Australia, que se convirtió en una auténtica plaga, es el ejemplo más conocido de especie invasora. En la Península Ibérica se han introducido -de forma intencionada o accidental- muchas especies exóticas, tanto de fauna como de flora que han causado graves perjuicios a las especies autóctonas: las hormigas chinas introducidas en macetas de bambú, o viudas negras en cañas del brasil, ocurridos en Cataluña, las invasiones de pulgones, ácaros, virus, bacterias, hongos, y un largo etc. que nos introducen a diario los viveros comerciales y las empresas de jardinería –en algunos casos con conocimiento de causa- ilustran parte de este problema.
La otra parte del problema, que curiosamente es la que más nos ocultan, es lo que ocurre después de la aparición de las plagas más habituales en nuestros parques, jardines y playas: los tratamientos fitosanitarios. Nuestros jardines y zonas verdes se convierten en focos tóxicos de sustancias del tipo insecticidas, plaguicidas, nematicidas, fungicidas, herbicidas… en la mayoría de los casos con componentes organoclorados. Cuidado donde ponemos las manos, donde acercamos la cara…
¡Muchos especialistas en salud ambiental asocian la presencia masiva en nuestras ciudades de estos productos tóxicos (unido al resto de contaminantes…) con el aumento de las alergias, con problemas en los ojos y en la piel, asma, infertilidad masculina, problemas estomacales en caso de ingestión por contacto de las manos con las plantas…
¿Qué podemos hacer nosotr@s...?
* No suelte ningún animal a la naturaleza. Con semillas y plantas no autóctonas lo mismo.
* Recuerde que las especies invasoras son una de las principales causas de extinción de espacies a escala mundial.
* No compre especies exóticas como animales de compañía, y si ya las tiene, cuídelas y no las abandone.
* Intente utilizar plantas autóctonas como ornamentales y los animales de compañía de siempre en lugar de los exóticos.
* Si viaja, no traiga consigo seres vivos. En su lugar de origen viven mejor y no causan problemas.
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